A comer con niñ@s, pero sin sillas ni menú?

Desde siempre, antes de ser madre, soy muy observadora, y una de las cosas que siempre he notado es que en Caracas contamos con pocos restaurantes que ofrecen menú infantil y muchos, por no decir la mayoria, no ofrecen siquiera sillas infantiles.

Entonces salir a celebrar un cumpleaños en familia, se convierte en un tour por toda la ciudad hasta conseguir un lugar con sillas para niños, que no sea un restaurante de comida rápida.

No entiendo porqué los dueños de los restaurantes, sobre todo de perfil familiar, no incluyen sillas pequeñas, que sean cómodas para l@s niñ@s y para sus padres. Casi siempre he tenido que comer con mi hijo sentado encima de mi, y comiendo de mi plato.

Lo otro es que todos pueden pedir un plato de comida, pero normalmente la madre pide algo que quiera el niño, para compartir su plato con él, ya que la comida normalmente viene servida en porciones para adultos.

Entonces sin sillas ni menú para peques, salir a comer afuera no parece ser la mejor opción. Hay algunos lugares que si toman en cuenta el público infantil como la famosa cadena de carnes en La Castellana, o el Hatto Grill que tiene platos para niños, pero no contamos con muchas alternativas.

Lamentable que en una ciudad como Caracas, con los indices de natalidad, no se piense en esos pequeños que también merecen lugares para crecer con calidad de vida…

Tráfico de Caracas ANTINIÑ@S

Manejar en Caracas puede convertirse en una experiencia arriegada, por no decir, peligrosa. Sortear carros en zig-zag, camioneteros que jamas respetan una parada, peatones que cruzan la calle donde se les antoje, y los motorizados que, en el mejor de los casos, pueden llevarte el retrovisor y ni siquiera se dan cuenta. El panorama se complica si a esto le sumamos que llevas un pequeño de dos años gritando en el asiento trasero porque está cansado del tráfico y quiere llegar a su casa.

Por aquello de que la música tranquiliza busqué como pude los discos infantiles que siempre llevo, pero recordé que había limpiado el carro recientemente y tenía los discos en casa. Intenté con Joaquín Sabina pero los gritos empeoraron, Joan Manuel Serrat tampoco le gustó, un instrumental del Cascanueces no quiso escucharlo.

En el fondo de la guantera conseguí a Caetano Veloso y milagrosamente la criatura se calmó y se durmió al ritmo de “Capuyito de Alhelí”… Casi una hora después llegamos a casa, él todavía dormido y yo agotada. Aprendí que nunca más olvido los discos de música infantiles, para que el pequeño no lo pase tan mal en el terrible tráfico caraqueño.

Por cierto que me gustaría saber si conocen alguna tienda de música infantil para renovar mi repertorio.